Francisco Tario, tuiteado a sus 100 años de nacimiento

Me sorprendió la invitación porque para empezar, no soy tuitero ni le hago a eso de la tuiteratura. Además, creo que un tuitero de respeto debe de pasar de 3000 seguidores. El caso es que gracias a esta invitación pude acercarme más a la obra de Francisco Tario, de quien lo acepto, casi no sé nada. He aquí mis intervenciones a algunos de los textos de Francisco Tario y que leí hoy en uno de los eventos de su homenaje nacional.

Mi idea giró en traer a Tario, su pluma, sus ideas, su acidez y buen humor, a los terrenos del hoy, de la lucha armada, de la violencia, como si todos los aforismos y epigramas de Equinoccio fueran breves columnas para comentar el día a día de nuestro país. Tario sería un agudo analista político. Sólo la última no la intervine, creo que no hay nada más que decir sobre la actualidad de esa frase.

En primer lugar viene el epigrama de Tario y en el segundo mi intervención.

T. Hay gritos en la muerte, gritos perdidos tras de las puertas, que pueden ser los gritos de todos aquellos que se están muriendo.

 A. Hay gritos en la muerte, gritos perdidos tras de las puertas, que pueden ser los gritos de todos aquellos que se están muriendo, dicen en la televisión al anunciar el último levantón en Monterrey.

T. Cosa realmente deplorable un anciano. Cosa triste, inevitable, digna de ningún respeto.

 A. Cosa realmente deplorable un infante. Cosa triste, inevitable, digna de ningún respeto.

T. —¡Toma! —le dijeron.

Y con lágrimas en los ojos recibió de no sé quién el título de abogado.

—¡Toma!

Sintió como que se había muerto.

 A. —¡Toma! —le dijeron.

Y con lágrimas en los ojos recibió de no sé quién el título de sicario.

—¡Toma!

Sintió como que había renacido.

 T. Todos, al morir, debiéramos tener enfrente un espejo.

 A. Todos, al morir, somos un espejo para quien nos mira muertos.

T. Y la resurrección de los muertos sobrevendrá sin remedio tan pronto las vacas den vino tinto.

 A. Y la resurrección de los ciudadanos sobrevendrá sin remedio tan pronto las vacas den vino tinto.

T. ¿Qué ocurriría, di, qué sería necesario que sucediera para provocar la quiebra universal de las funerarias?

 A. ¿Qué ocurriría, di, qué sería necesario que sucediera para provocar la quiebra universal de los partidos políticos?

T. —Quiero ser tu amigo, no morir, aspirar el aroma de los campos en Primavera y acariciar sus senos.

He aquí unos cuantos hermosos deseos.

 A. —Quiero ser tu enemigo, no morir, aspirar el aroma de tu miedo y destruir tus anhelos.

He aquí unos cuantos hermosos deseos.

T. Siendo, pues, incorpórea el alma, ¿cómo nos la representaremos?

—Según le convenga a su ánimo: como un zopilote empapado, por ejemplo.

 A. Siendo, pues, incorpórea el alma, ¿cómo nos la representaremos?

—Según le convenga a su ánimo: como un político en campaña, por ejemplo.

T. El pornográfico espectáculo de una persona que nunca ríe a tiempo.

 A. El pornográfico espectáculo de una persona que lee las revistas de espectáculos.

T. —Pues en virtud de un grupito de muertos, yo soy aristócrata.

A. —Pues en virtud de un grupito de muertos, yo soy un intelectual.

T. Un Dios afanoso, volátil, tenedor de libros de un sinfín de cuentas corrientes; un Dios juez, díscolo, neurasténico, que observa sin parpadear a los reos por encima de sus anteojos de amatista; un Dios de vecindad, dicharachero, buscador de pleitos; un Dios infatigable, presuroso, puntual, que va a los toros, al ballet y a los partos; un Dios ventrílocuo, cuya voz se deja oír en circunstancias de lo más insospechadas; un Dios cow boy, disparando desde su cuaco a diestra y siniestra; un Dios avaro, heredero impaciente, que tasa y esculca; un Dios versátil, frívolo, que provoca los sucesos políticos, las auroras boreales y el baile de San Vito por distraer sus ratos de ocio; un Dios, en fin, de los mil demonios, imposible, decrépito, envanecido de su curul y de sus barbas.

 A. Un Presidente panista afanoso, volátil, tenedor de libros de un sinfín de cuentas corrientes; un Presidente panista juez, díscolo, neurasténico, que observa sin parpadear a los reos por encima de sus anteojos de amatista; un Presidente panista de vecindad, dicharachero, buscador de pleitos; un Presidente panista infatigable, presuroso, puntual, que va a los toros, al ballet y a los partos; un Presidente panista ventrílocuo, cuya voz se deja oír en circunstancias de lo más insospechadas; un Presidente panista cow boy, disparando desde su cuaco a diestra y siniestra; un Presidente panista avaro, heredero impaciente, que tasa y esculca; un Presidente panista versátil, frívolo, que provoca los sucesos políticos, las auroras boreales y el baile de San Vito por distraer sus ratos de ocio; un Presidente panista, en fin, de los mil demonios, imposible, decrépito, envanecido de su curul y de sus barbas.

 T. De vender algo, la Sociedad vendería horquillas.

 A. De vender algo, la Sociedad vendería balas.

T. Y el manjar que la vejez nos obsequia: un buen plato de verrugas.

 A. Y el manjar que la vejez nos obsequia: un buen plato de medicinas.

T. Y si disponéis de buen humor, perdonemos a los médicos. ¡También ellos fueron niños!

A. Y si disponéis de buen humor, perdonemos a los políticos. ¡También ellos fueron niños!

T. Y cuando un hombre, y dos hombres, y cien mil hombres, y algunos millones de hombres se hayan ido al diablo, un tropel de relucientes yeguas acudirá de los valles e invadirá las ciudades con sus cálidos relinchos, agitando las crines, estremeciendo sus ancas y llenando de juventud y brío hasta las más apartadas sacristías.

 A. Y cuando un asesino, y dos asesinos, y cien mil asesinos, y algunos millones de asesinos se hayan ido al diablo, un tropel de relucientes yeguas acudirá de los valles e invadirá las ciudades con sus cálidos relinchos, agitando las crines, estremeciendo sus ancas y llenando de juventud y brío hasta las más apartadas sacristías.

T. Existe un malicioso juego de palabras: Metrópoli, Necrópolis. Y se ha hablado de New York o Londres como de la Gran Metrópoli; pero se ha callado ladinamente, arteramente, bochornosa y deliberadamente lo de la Gran Necrópolis. Y debe haberla.

Un viaje de novios a la Gran Necrópolis.

 A. Existe un malicioso juego de palabras: Metrópoli, Necrópolis. Y se ha hablado de Culiacán o Monterrey como de la Gran Metrópoli; pero se ha callado ladinamente, arteramente, bochornosa y deliberadamente lo de la Gran Necrópolis. Y debe haberla.

Un viaje de novios a la Gran Necrópolis.

T. Ser bueno — volverse blanco por dentro.

 A. Ser malo — volverse luminoso por dentro.

T. Cualquier hombre puede asesinar a otro. Cualquier hombre tiene derecho. Cualquier experiencia es razonable. Es lógico querer matar, lógico querer hacer lo que hacen con uno.

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