Antes, el hijo


Vamos camino a Tula. Tengo una charla en el colegio Teresa Martín. Platicamos Enrique y yo. La velocidad es buena. De pronto, los coches se detienen, “aguas”, le digo a Enrique. ¿Qué ha ocurrido? Adelante un trailer está detenido. El chofer baja. Alcanzo a ver unos zapatos, unos zapatos negros, gastados, en el suelo. Enrique maneja despacio, muy, muy despacio y entonces los veo, a los dos, tirados sobre el asfalto. Están de costado. Una mujer. Su hijo. La mujer apenas si levanta la cabeza. El hijo está inmóvil, acunado en sí mismo, no sé si muerto. La mujer sólo mira al cielo y luego vuelve la mirada al chofer del trailer. Y más adelante, lo veo, en el suelo, el conductor de una motocicleta en el suelo, mira a la pareja atropellada. Sus ojos son dos muescas de fuego, de incredulidad. De miedo. Adelante de él la flamante motocicleta derrapada. ¿Cómo venía?, pregunta Enrique, que se llevó a los dos con una moto. Me quedo sin aliento. Me adormece el dolor. Pero seguimos adelante. Al Colegio Teresa Martín para hablar de libros, de literatura. ¿Cómo decirle a los niños que me esperan, de lo fragil que somos, tan frágiles que ni una palabra nos puede a veces, sostener?

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