The road


Conocí la obra de Cormac McCarthy casi por equivocación. Iba entonces a un taller de cuento que se impartía en la Casa de la Cultura de Nuevo León. El taller era los sábados y terminaba a la una. Después, sin ánimos de ir a casa, deambulaba por el centro de la ciudad de Monterrey, específicamente por el mercado del Norte y en los puesteros de Reforma donde compraba libros usados, donde comía tacos pasados en aceite o veía películas con los vendedores de piratería.

Una tarde decidí simplemente seguir caminando. Bajé por Juárez hasta Arteaga y seguí por esa calle con el ruido de los camiones de pasajeros al lado, de aquellos viejos camiones de pasajeros de la armadora DINA, que rasgaban el aire a su alrededor con el sonido de sus motores que parecían explotar en cualquier momento. Cuando llegué a la esquina de Arteaga y Zuazua encontré una pequeña librería de viejo que no había visto antes y entré. Olía a papel húmedo. Sobre unas cajas se amontaban discos de acetato y de vinil. Las carátulas eran viejas, de colores chillantes. Me asomé a una caja junto a los discos y encontré un libro grande y pesado, que parecía tener mil años. Se títulaba En la frontera. Le pregunté al dependiente de qué trataba y me dijo: no te vas a arrepentir. Suelo ser un poco confiado, así que lo compré.

En la frontera era la historia de un viaje, todo en la obra de Cormac McCarthy lo es, de un par de hermanos que viajan a México siguiendo primero el rastro de una loba y después, su propio rastro, su rastro de cómo dejan atrás la infancia para convertirse en algo indefinido, como lo es ser un hombre, al menos esos hombres de Cormac McCarthy que siempre están buscando una significación personal y siempre parecen, a pesar de todo lo vivido, apenas avizorarla, apenas asirla.

A los meses, huyendo del frío, entré al cine Rally donde pasaban la película Todos los hermosos caballos. Empezó a llover así que decidí entrar. La película trataba sobre un par de vaqueros que deciden ir a México, dónde aún se encuentra ese viejo oeste. Los acompaña un joven hablantin y peligroso, ese peligro que dan los hombres que no tienen una ideología clara y aquello termina en un lío, un chico se enamora de la hija de un hacendado, hay balazos y una frase: convertirse en hombres del país. Casi al finalizar la película el agua de la lluvia entró al cine, resbalaba por las paredes, bajaba por las escalinatas. Yo tenía los zapatos empapados. Pero no me moví. La proyección siguió y simplemente no me moví. Luego vi quién era el escritor del libro, no de la película y me lancé a buscar el ejemplar. Lo disfruté más que la película.

Ahora, el pasado jueves, después de una larga ausencia en mi vida de la obra de Cormac McCarthy, fuimos a la premiete de The road. Desde el jueves no dejo de ver las escenas, de reconocer, en las imágenes de la película, la narración poderosa de McCarthy cuando describía en las novelas anteriores los páramos desiertos, la hulla, la grisura del firmamentos, las colinas con un verde plomizo. Nuevamente, en la película, en la novela, es el viaje de dos hombres, ahora un padre y un hijo. Nuevamente, hay una intención de mostrar qué es ser un hombre, no como género, sino como especie. No contaré más de la película. No he leído el libro. Sin embargo, mientras veía la cinta una parte de mí leía, sí, yo no miraba las actuaciones, sino que me imaginaba la prosa, el lenguaje, los símiles, los diálogos. Estaba leyendo la película.  Como pueden ver, soy un fan. Maldita sea, soy un fan, pero me reconforta saber que hay de fans a fans. Y que uno es también, lo que idolatra.

 

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2 comentarios sobre “The road

  1. Toño: ¿Qué traducción me recomiendas de En la frontera y Todos los hermosos caballos, o en general sobre la obra de Cormac? Estoy leyendo El guardián del vergel en una edición española que sacó una colección sobre McCarthy pero la traducción es pésima o mejor dicho es una pesadilla. Leí La carretera en Mondadori y me parece aceptable… ¿alguna sugerencia? Saludos.

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