¿Una literatura oportunista?


Hace días el periódico El Universal publicó un artículo sobre el auge de la novela histórica en el país.  Puntos más puntos menos, la conclusión tenía que ver con el aparente oportunismo de este tipo de literatura y la aparente necesidad del mercado por leer estas obras. Si bien, sin duda existen obras escritas ex profeso para el mercado, hay otras que sin duda tienen que ver con las obsesiones de sus autores por descubrir a cierto personaje histórico que le es común o propio por diversas causas.

En la actualidad, en México podemos  tener ya un amplio panorama de nuestra historia no oficial que engloban la ficción de casi 600 o 700 años de nuestra historia. Va aquí un pequeño listado de estas obras por línea del tiempo de las novelas históricas mexicanas. Claro, no es una lista completa.

Tzezomoc, Antonio Guadarrama Collado.

Narra la historia de este rey de Texcoco y su lucha contra el rey poeta, Nezahualcóyotl.

Tlacaelel, el azteca entre los aztecas, de Antonio Velasco Piña

La historia del hermano de Moctezuma I y la conformación de la joven nación mexica.

Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre

Una de las obras decanas de la novela histórica mexicana. La historia del primer español en tomar las costumbres indígenas.

1767, Pablo Soler Frost

Una novela sobre el destierro de los jesuitas en México.

Memorias de un impostor, de Vicente Riva Palacio

La biografía de Guillermo de Lampart, el único hombre que se fugó de las cárceles de la Santa Inquisición.

Hidalgo, entre la virtud y el vicio, de Eugenio Aguirre

Esta una visión muy divertida sobre el padre de la patria.

Victoria, de Eugenio Aguirre

No es la mejor obra de Aguirre, pero se lee bien. Narra la vida de Guadalupe Victoria, el insurgente de veracruz.

Matamoros, de Silvia Molina

uno de esos personajes secundarios pero indispensables para la historia nacional.

Guerrero del alba, de Raquel Huerta Nava

Una biografía novelada sobre Guerrero.

Noticias del Imperio, de Fernando del Paso

Sin duda, una de las mejores novelas mexicanas de los últimos años. Del Paso narra hasta la obsesión la historia de ese México convulso que fue el II Imperio.

Juárez, el rostro de Piedra, Eduardo Antonio Parra

La narración de un Juárez que teme, sufre y duda y se desdobla en un Benito que es la conciencia del Juárez imperturbable.

El tigre del Nayar, de Queta Navagómez

Narra la historia del famoso tigre de Alica, Manuel Lozada, y su intento por hacer una nación indígena que derivó en la formación del estado de Nayarit.

El Seductor de la Patria, Enrique SernaOtra novela de grueso calibre. Santa Anna no había tenido antes un narrador de la talla de Serna para contar su historia.

Madero, el otro, de Ignacio Solares

Una Madero místico, preocupón.

Columbus, de Ignacio Solares

Una divertida novela sobre el ataque de Villa a la población norteamericana.

Temporada de zopilotes, de Paco Ignacio Taibo

Si bien no es una novela, es una narración muy divertida, sistemática y de reunión de datos sobre la decena trágica.

Villa, de Frederick Katz

Más que una novela, es una obra monumental sobre el centauro del norte. Villa tiene a otras tres grandes plumas sobre sus espaldas: Las Memorias de Pancho Villa, de Martín Luis Guzmán y Pancho Villa, una biografía narrativa, de Paco Ignacio Taibo II. Tan recomendables las tres que podemos dar por concluidos los libros sobre el centauro del norte. En serio, ya no más.

Siglo de un día, de Eduardo Lizalde

Una novela mayor sobre la toma de Zacatecas por las tropas de Villa en 1914.

La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán

El periodo conocido en México como el maximato, con Calles como presidente.

Crónica de la Intervención, de Juan García Ponce

La historia previa a las olimpiadas y y al Mundial Juvenil, en esta obra que sobrepasa el mero término genérico de novela histórica.

Guerra en el paraíso, de Carlos Montemayor

Una de las obras insignes de este narrador chihuahuense. Cuenta la historia de la guerra sucia en México.

 Algunos casos especiales

Pedro Angel Palou

Pertenenciente a la generación del crack, mucho de obra previa han sido novelas históricas: Zapata, Morelos, morir es nada, Cuauhtemoc, la defensa del quinto sol,  y Pobre patria mía, la novela de Porfirio Díaz.

Leona Vicario

Con el bicentenario, todos se acordaron de la insurgenta y hay tres novelas sobre ella Leona, de Celia del Palacio, La insurgenta, de Carlos Pascual, Leona Vicario, la insurgente, de Eugenio Aguirre.

Jorge Ibarguengoitia

Sus novelas fársicas sobre la independencia y la revolución son indispensables para leer el otro tipo de novela histórica: Los pasos de López, un Hidalgo pendenciero. Los relámpagos de agosto, novela sobre la rebelión Delahuertista. Maten al león, una parodia de los dictadores decimonónicos latinoamericanos. Emparentada con estas obras podríamos incluir La cena del bicentenario, de Héctor Zagal, en la que todos los héroes mexicanos se reúnen para cenar y quejarse.

 

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3 comentarios sobre “¿Una literatura oportunista?

  1. Estoy de acuerdo y es bastante claro lo que dices, unas novelas hechas por el mercado y otra por el interés personal de los autores. Saludos !!

  2. Sí, es cierto, algunas novelas son oportunistas y hasta se ve la firme intención de llegar a un mercado y vender muchos ejemplares. Hasta los que no escribían libros de historia lo hacen. Pero han olvidado a un lector que necesita saber sobre la historia de México: los niños.
    Hace poco vi en la librería un libro que me llamó mucho la atención y lo compré y estaba dirigido a los niños y era sobre Pancho Villa, se llama “Las muchas muertes de Pancho Villa”. El texto es bueno y aunque rescata datos ya muy sobados por muchos historiadores, mezcla la historia con una anécdota muy interesante. El escritor no se quiso hacer pasar por especialista sino que dijo sólo lo que sabía y lo juntó con un relato muy interesante y eso la hace una novela muy sincera. Es bueno ver que hay personas interesadas en los niños y no fingen ser especialistas sólo para vender. El libro las muchas muertes de Pancho Villa hace que el niño aprenda sin llenarles de datos la cabeza.

  3. Si lo que nos hace falta es que existan muchas más publicaciones y lectores, la calidad de estas va a depender del nivel de critica que puedan soportar no del “En serio, ya no más”

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