Anda, no tienes que escribir una novela, escribe un cuento, sí, escribe sólo un cuento, tampoco tiene qué ser un cuento largo, de esos como de veinte cuartillas, sino uno breve, sí, uno breve, un cuento como de tres hojas, ¿así estaría mejor? Es más, no, no, no tienes qué escribir, lo que se dice escribir. Simplemente suéltate frente al teclado, deja que tus dedos bailoteen sobre las letras, oprime aquí, oprime allá, sugiere. Los escritores suelen tener en demasiada consideración lo que barbotean. Sí, barbotean, no tienes que buscar la palabra en el diccionario, no importa, qué importan las palabras. Lo que en verdad es valioso es que te dejes ir, cierra los ojos, no, no digo que creas en la escritura libre, eso que se dice es de médiums, no, tampoco, tampoco tienes que borrar. Si escribes mal, escribe mal. Todos se pasan demasiado tiempo pensando que escriben bien, cuando en realidad, sólo, simplemente, cortan, trozan, no le dejan libertad al texto, a lo que fluya. Seguro te sentirás mejor si sueltas por aquí o por allá alguna falta de ortografía, alguna oración mal acomodada, mal redactada, ¿cómo se dice? Con mala sintaxis. Sí, esas oraciones que le hacen creer a un editor que está haciendo su trabajo. Tú síguele. Qué te importa si el inicio no es lo suficientemente interesante, o si tal vez, el lector pensará que vas apocado, o que no arrancas con suficiente fuerza. Existen tantas maneras de escribir y tantos lo han hecho y de tantas maneras, que qué importa si a quien le pases este texto te mirará con reproche o con fingida celebración, porque tal vez, sólo tal vez, ha encontrado en tu manuscrito… espera, no le llamemos a esto manuscrito, sino a “esto”, sí, entrecomillado, algo que tal vez tú aún no alcances a percibir. Algo que tal vez ni tiene importancia para ti, pero que algo le dice a él, precisamente a él, a quien nunca pensabas llegarle. Pero si no le llega, qué importa. En serio, qué importa. Los escritores de este siglo están demasiado ciegos por todo lo que escribir les da. Dinero, claro, porque a muchos les da dinero, a otros, poder, a otros, satisfacción, a unos más, qué importa, cada quien prostituye su oficio como bien le convenga. Te digo. No importa nada. Ni escribir. Escribir es como tomarse un café. Al principio te llevas la taza a la boca con precaución, puede que esté demasiado caliente, pero de manera invariable, si no la bebes a tiempo, queda sólo el café aguado, frío y es necesario tirarlo todo al fregadero.

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