Apuntes sobre el primer día del Simposio Internacional del Libro Electrónico


Cada que escucho la discusión sobre el futuro del libro recuerdo la vieja caricatura en la que un romano orgulloso  le dice a un egipcio: ¿ya viste las mejoras del pergamino sobre el papiro? Es más fácil de transportar, dura más y le caben más palabras. No se desgasta tan rápido con el tiempo y puede conservarse mejor en cualquier clima. A lo que el egipcio le contesta que el papiro siempre será la forma clásica de conservar los libros y que además, le gusta más como huele y la sensación de tenerlo, la posesición del objeto en sí.

Hoy, en el primer día del Simposio Internacional del Libro Electrónico organizado por el Conaculta y específicamente coordinado por Laura Emilia Pacheco, Socorro Venegas y su equipo, las discusiones mucho me recordaron a la imagen que acabo de describir. Fue una lástima no poder escuchar con claridad la ponencia de Kate Wilson, quien fuera directora de MacMillan y de Scholastic, ya que a mi grupo le tocó sufrir en la sala de orientación. Sin embargo, de lo poco que pude escuchar de Wilson me quedo con la necesidad de construir en los libros infantiles un diálogo doble: un libro que le hable al chico y también al padre del chico, además de las tres necesidades básicas del editor de hoy en día: el curar, el comunicar y el crear. Curar: saber qué tipo de libro estamos haciendo y para qué lector, el comunicar, utilizar todos los medios para difundir ese material y finalmente el crear, la parte más sensible de toda la industria editorial que consiste en el “I make things”: el pasar a la acción, pero además, el hacer algo para todos los sistemas posibles de recepción y explotación de ese concepto. Y para ejemplo, nos mostró al aplicación de Cinderella, un libro un en el que el niño puede interactuar: el siguiente nivel a las historias de “elige tu propia aventura” y que en México las distribuye Editorial Terracota.

Después vino el simulacro por ser hoy 19 de septiembre, y tras él y la huida generalizada de toda la gente que sólo va a las inauguraciones, pasaron a muchos asistentes a la sala principal. Lo que agradezco.

Sin duda, la primer mesa de discusión fue la más interesante. Primero, Arantxa Mellado nos platicó vía Skype sobre las posibilidades de la Social Book, es decir, esta tendencia a una lectura social, en la que un usuario puede compartir con los demás sus anotaciones y establecer un discurso y un diálogo, a la vez que nos alertaba sobre lo peligroso de ofrecerle a las empresas sociales, facebook u otras, nuestros hábitos de lectura y nuestra información, nuestros datos duros, digamos, datos que sin duda nos hacen un cliente con mejor perfil para ellos.

Tras ella tiocó el turno a Carlos Eduardo Enanny, director  y creador de Gato Sabido http://www.gatosabido.com .br y de Xeriph, dos de las más grandes empresas del libro electrónico en Brasil. Su ponencia, clara, rápida e interesante, nos marcó la pauta sobre cómo crear una industria electrónica, además de que nos ejemplificó con el caso de una universidad brasileña que pretende implementar una educación sólo vía ebook y tablets para sus alumnos que puedan compartir sus lecturas y análisis de las mismas.

El turno siguiente fue para Bob Stein. Inició su discurso dando un breve homenaje a Pedro Meyer quien hace muchos años hizo el primer libro electrónico en México, para después hablarnos un poco sobre sus dudas acerca de lo que significa ser un editor en el mundo de las redes. Stein, sin duda una de las estrellas del evento, nos habló de diversos proyectos sobre una lectura social y novedosas plataformas de conversación e intercambio del contenido. Stein habló mucho sobre la posibilidad de que los libros electrónicos nos permitan la posibilidad de recuperar a la literatura en un mundo dominado por la mercadotecnia y el amontonamiento de bestsellers. Y tiene mucha razón. Las editoriales mexicanas, las grandes editoriales mexicanas, se han convertido más que en editorial culturales, en grandes corporativos de publicidad. No fue complicado comprobarlo. A la hora de la comida encontré una feria del libro en Reforma y en uno de los puestos, el catálogo de Alfagura España, viejo. Autores con una calidad literaria indiscutible que ya nada tienen qué ver con lo que la calidad literaria significa para estas editoriales actualmente. El comentario central de Stein fue claro: “no concibo un libro que no esté conectado y vivimos en medio de un montón de libros muertos”.

Las siguiente mesa fue algo triste. Primero, no concibo que uno de los directores de la CANIEM nos hable del estado del libro en México con gráficos y encuestas de España y Estados Unidos. Aunque decía que no contaba con esos datos, su ponencia, que además cayó en el lugar común en materia de la discusión del libro electrónico, fue monótona y poco interesante. El siguiente turno fue para Alejandro Zenker. Yo esperaba más de él, pero empezó con los mismos puntos que Hugo Setzer Letsche, es decir, una retahila de conceptos del lugar común en materia del libro electrónico. No terminó con un ha muerto el rey codex, que viva el rey tablet, pero poco le faltó. Curiosamente, su respuesta a una de las pocas preguntas fue lo que debió de hacer en su participación: hablar sobre cómo las editoriales independientes tienen en el libro electrónico una oportunidad para tomar el mercado: cómo las editoriales independientes tienen más autogestión de recursos y una dirección editorial sin las necesidades económicas de estos gigantes editoriales. Algo queda claro tras estas mesas: el cambio en la industria editorial en materia del libro electrónico no vendrá de los grandes consorcios editoriales: sino de las editoriales jóvenes o “independientes” que sí saben qué hacer con estas nuevas herramientas. Editorial jóvenes que además, corren con el riesgo de la apuesta por una literatura no sólo comercial, sino cultural.

El otro participante de la mesa fue Fernando Escalante Gonzalbo: impecable, duro, pero curiosamente no recuerdo nada, sólo que me gustó mucho todo lo que dijo.

La última mesa sería lo que le devolvería la humanidad al evento. Federico Álvarez, catedrático de la UNAM y ex director del FCE en España nos recordó la importancia de concebir el libro electrónico como lo que es: un soporte de leer, de la lectura: no un soporte de diversión. Leer. Leer. Aprender a leer de nuevo, a escuchar de nuevo. Mientras todos los participantes promulgaban una lectura compartida, Álvarez lo que nos recordó fue la necesidad imperiosa de aprender a leer. Dijo, en uno de los momentos memorables de la sesión, que si por él fuera dejaría que la primaria fuera nada más para enseñar bien a leer y a escribir para no tener en secundaria esta analfabetización del sistema. Hay, dijo, qué rehacer el sistema de las Normales Superiores del país. Y por sobre todas las cosas: volver a lo básico, a la lectura, a la poesía, a aprender a leer. No a construir libros que nos distraigan de lo esencial. Es un placer escuchar a Alvarez, nos recuerda que corremos sin aprender a dar pasos y por eso siempre nos caemos. Álvarez nos recordó la necesidad de volver a recordar las imágenes verbales después de irse con un jab directo contra todos los ponentes que habían mostrado imágenes para compartir su discurso, como Javier Fierro Gómez, quien nos pasó diapositivas tras diapositivas sobre un muy bien proyecto de lectura social en escuelas, secundarias y grupos de adultos mayores en la Fundación Germán Sánchez, en España

Al final del día me quedo con Álvarez. Volver a la poesía. ¿Para qué quiere uno volver a la poesía? Para respirar, para caminar, para tener dignididad. Un libro electrónico que no nos aparte de la lectura es la gran conclusión del día. Un libro electrónico, utópico pensar en él con la crisis de cultura que vivimos hoy en día, que nos permita compartir en realidad, al hombre que lee, que piensa, que siente con los otros hombres que están dispuestas al diálogo y no a la burla, la indeferencia: la ignorancia.

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Un comentario sobre “Apuntes sobre el primer día del Simposio Internacional del Libro Electrónico

  1. Sucinta y al mismo tiempo completa reseña de este primer día se Simposio. Lamento no estar allá. Por otro lado, me quedo con una idea, que ha resonado en mi cabeza desde hace tiempo: creo que no solamente necesitamos rehabilitar el acto de leer, sino también el acto de pensar, porque años de experiencia como docente me han hecho entender que la gran faltante en estos procesos es la capacidad de los lectores por discernir, analizar, medir el rendimiento del conocimiento que adquieren, para luego a) hacerlo parte de nuestras vidas; b) compartirlo con el resto del mundo.

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